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Entrevistas y comentarios de prensa 

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Nuevo libro de Juan Carlos Altamirano
LAS CABALLERIZAS REALES DE CÓRDOBA
(Revista Pura Raza, septiembre de 2001)
La moda de la historia ecuestre
OPORTUNIDADES A VUELAPLUMA   por Benito J. Tierz
(Revista Pura Raza, mayo de 2001)

En torno a la genial obra de Juan Carlos Altamirano

NUEVA GUIA PARA PERPLEJOS, por Eliseo Ferrer

(Revista PURA RAZA 9-99, España)

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"El Caballo Español: por y para un rey"

Debrett´s Equestrian World (Inglaterra).

"Un nuevo estudio sobre el origen del caballo español revoluciona su historia."

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Historia de los Caballos Cartujanos. Juan Carlos Altamirano

UNA FUNDADA PROVOCACIÓN, por Eliseo Ferrer

(Revista PURA RAZA, 11-99)

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Entrevista realizada a Juan Carlos Altamirano por el periodista Eliseo Ferrer.

(Revista PURA RAZA, el 9-99)

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DOCUMENTO HISTÓRICO

 

NUEVO LIBRO DE J.C. ALTAMIRANO

 

LAS CABALLERIZAS REALES DE CÓRDOBA
(Revista Pura Raza, septiembre de 2001)
 

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 Sr. Altamirano, ¿es cierto que publica un nuevo libro sobre las Caballerizas Reales?
 
Si, como usted sabe en mi libro Historia y origen del caballo español dedicaba un capítulo a la edificación de este emblemático edificio, finalizando el estudio cronológico hacia 1800. En éste, analizo las vicisitudes ocurridas desde su construcción, en la segunda mitad del siglo XVI, hasta nuestros días. Asimismo, expongo una síntesis del origen del
caballo español y el por qué de su existencia. Su título, lógicamente, es: Las Caballerizas Reales de Córdoba.
Para cuándo es su presentación y dónde.
Espero poder presentarlo en Córdoba en la primera quincena del mes de septiembre. Días más tarde, y por invitación de la Fundación del caballo español de Estados Unidos para impartir un seminario sobre el caballo
español, lo presentaré en Las Vegas, y en octubre lo haré en México.
 
Según me han informado es un libro muy accesible por su bajo precio pero que mantiene la calidad de sus anteriores obras, ¿es cierto?
 
Si, el precio será bajo y la calidad es la misma que la de mis anteriores libros. El editar este trabajo es un deseo que tengo desde hace mucho tiempo y porque quiero que el logro gestado en las caballerizas reales: el caballo español, se conozca en el mundo entero. Deseo que nuestro caballo que aún sigue siendo un desconocido en algunos países deje de serlo, por ello este libro lo publicaré en cuatro idiomas (español, inglés, francés y alemán). También le puedo adelantar que en el caso de recuperar la inversión de esta edición me gustaría publicarlo en árabe, italiano y japonés. Digo esto porque de un libro de esta calidad y de tan bajo precio sólo se puede esperar recuperar los costos y la única posibilidad de conseguirlo es que su venta sea superior a la de mis otras publicaciones, de las que por cierto no me puedo quejar. Este libro es una pequeña devolución a la ciudad de Córdoba y a su historia por los maravillosos momentos que he tenido y tengo estudiando al pura raza español. El comprender el verdadero significado de nuestro caballo ha sido
una de las cosas más importante y bella de mi vida.
 
Nuestra revista tiene noticias de que el prólogo de este libro es de la Excma. Sra. Dña. Rosa Aguilar Rivero, alcaldesa de Córdoba.
 
Si, es cierto. Considero que es la persona que debía hacerlo pues este edificio debe pasar ya a formar parte del patrimonio de la ciudad y ella es su máxima autoridad. Además quiero agradecer tanto a la alcaldesa como a D. Rafael Blanco, teniente alcalde, la amabilidad que me mostraron en mi entrevista con ellos.
 
También sabemos que dedica este libro a Diego López de Haro, creador del pura raza español. ¿Cuál es la razón?
 
Desde hace tiempo deseaba resaltar de una forma especial su protagonismo en el proyecto de creación del caballo español y creo que éste es el libro ideal para hacerlo. López de Haro ha sido uno de los grandes hombres del siglo XVI. Lo digo en presente porque su logro es una maravillosa realidad actual. Por mi parte era justo darle al menos el espacio de la dedicatoria aúnque espero que el Ayuntamiento ponga su nombre a alguna parte de las Caballerizas. Sería muy bonito, por ejemplo, el del "Patio de caballos Diego López de Haro", porque pasó treinta años de su vida en este patio.
 
Sr. Altamirano, ¿que opina de la oportunidad que existe en estos momentos de que la ciudad de Córdoba recupere las caballerizas reales?
 
Pienso que por la importancia cultural e histórica que representa este edificio es uno de los acontecimientos más importante que le ha podido suceder a esta ciudad en el último siglo. Posiblemente, los cordobeses, hasta ahora, no se habían dado cuenta del potencial cultural, económico y turístico que representa la apertura de este edificio. Afortunadamente, en los últimos momentos se ha producido un giro "radical.
 
Usted ha sido, o al menos lo es el resultado de su investigación, el motor de la "movida" que se está haciendo notar estos días en Córdoba con relación a las caballerizas reales.
 
No, el motor de esta corriente son los propios cordobeses. Quiero resaltar la desinteresada labor que viene realizando el Sr. Enrique San Miguel desde la Asociación Córdoba Ecuestre a favor de que las caballerizas sean cedidas por el Ministerio y por supuesto las realizadas desde el Ayuntamiento. Tampoco quiero olvidar al Sr. Eloy Martínez Sagrera, Carlos Montijano y a Miguel Ángel de Cárdenas y a todos aquellos que de forma anónima están luchando para que este proyecto se haga realidad. Mi aportación sólo ha sido la de un pequeño grano de arena.
 
No hace mucho tiempo publicó usted una carta en el Diario de Córdoba reclamando a los cordobeses que reivindicaran este edificio.
 
Sí, hace unos meses impartí en Córdoba una conferencia sobre las caballerizas reales y en el viaje de vuelta a Málaga le comenté a mi sobrino José que me acompañó que Córdoba ya estaba preparada, en la línea de salida se podría decir, para iniciar la demanda de este edificio. Por ello, esa misma noche, cuando llegué a mi casa escribí la carta que usted cita.
Pero quiero resaltar que las caballerizas reales tienen que ser cedidas a Córdoba no porque lo pida Juan Carlos Altamirano sino porque histórica y culturalmente le corresponde. La entrega de este edificio por parte del Ministerio de Defensa al Ayuntamiento restituiría el error que, en 1866, cometió el infante Francisco de Paula Borbón. Este edificio debe pertenecer al Patrimonio andaluz y más en concreto a Córdoba porque tras el uso real, que fue el fin de su construcción, debieron ser cedidas al Ayuntamiento por el Infante no al Estado.
 
¿Quiere decir con esto que el período que estuvieron las caballerizas reales en manos del Estado fue negativo?
 
En principio habría que aclarar que las caballerizas estuvieron y siguen estando bajo la administración estatal. Hasta hoy, y aunque existen  negociaciones, todavía no ha cambiado nada. Desgraciadamente, este emblemático edificio está siendo utilizado como piedra de trueque por el Ministerio de Defensa. Espero y deseo que esta situación sea modificada lo más rápidamente posible porque sería signo de que sus puertas se estaban abriendo. Pero con la misma fuerza que reivindico este edificio para Córdoba resalto la extraordinaria labor que realizó el Ministerio de Defensa en su
conservación y la magnífica gestión de mejora del caballo español que llevó a cabo la Jefatura de Cría Caballar desde este edificio. En estos momentos mi deseo sólo radica en que se produzca esa cesión para poder abrir sus puertas al público no en buscar unos inexistentes culpables de nada.
 
¿Que propondría usted al Ministerio de Defensa o al Ayuntamiento de Córdoba con relación a este edificio?
 
Al Ministerio le expondría, y ya lo hice en Madrid al arquitecto del Patrimonio hace 14 o 15 años, la necesidad de entregar este edificio a Córdoba. De este mismo arquitecto le puedo decir que, tras narrarle la historia de las caballerizas reales y el fin que motivó su construcción, quiso mediar en este proyecto pero el tiempo y la burocracia estatal, a veces, duerme muchos sentimientos y buenas intenciones. Sobre el fin de las caballerizas para cuando estén en manos locales puedo decirle, como he señalado, que hace unos meses tuve el honor de entrevistarme con la alcaldesa de Córdoba, la Sra. Rosa Aguilar y D. Rafael Blanco, y coincidí plenamente con el planteamiento que esta señora me expuso sobre el futuro proyecto. Sin dudas, la Sra. Aguilar será capaz, por su capacidad y carácter negociador, de sacarlo adelante. Pero como me pide mi opinión y esta sería excesivamente larga por la cantidad de ofertas culturales y turísticas que este edificio puede acoger y debe ofrecer, me limitaré a decirle que, precisamente, la más importante es: las caballerizas reales en sí. Todo lo que se haga o se proyecte bajo su sombra debe ir dirigido hacia un único destino que debe ser el engrandecerla. Cualquier manifestación que se pudiera realizar dentro de sus paredes no debe nunca eclipsarlas sino iluminarlas.
 
¿Cómo ve el papel de la Universidad cordobesa y más concretamente la Facultad de veterinaria en este proyecto. Se ha corrido el rumor que está pendiente de su entrega para entrar a gestionarla?
 
En principio quiero resaltar la magnífica labor que realizan muchos docentes de esa Universidad. Soy amigo personal de algunos profesores y sé de la extraordinaria labor investigadora que realizan en sus departamentos. Dicho esto, y ya que usted me lo ha preguntado, no veo a esta Facultad en este proyecto con más entidad de la que pudiera tener la Confederación de empresarios, el Colegio de ingenieros, el de médicos, la Asociación de joyeros o la de vecinos por citar algunas. Si la pregunta que usted me hace va dirigida a que ésta debe dirigir o ser el eje del proyecto, rotundamente le digo que no. Pues me imagino que los proyectos de investigación de sus respectivos departamentos van por líneas distintas a lo que puede suponer este tipo de tareas, más propias de otros sectores de la administración. Mi opinión es que este proyecto debe estar en manos de la Concejalía de cultura o de turismo antes que en las de la Facultad de Veterinaria. Otra cosa es que exista, y debe ser una realidad, una lógica colaboración con la Universidad cordobesa.
 
Hace unos meses se llegó a plantear que cuando regresaran caballos a las caballerizas los alumnos podrían realizar las practicas en ellas.
 
Creo que esto es un pensamiento ilógico. La Facultad tiene sus departamentos dentro de sus instalaciones y no la veo perdiendo el tiempo yendo de un sitio para otro ni alquilando autobuses para trasladar cada dos días a los estudiantes a las caballerizas. Los caballos para las prácticas utilizados por profesores y estudiantes deben estar en las cuadras de esa Facultad no en un edificio que tiene hoy un interés turístico. Además, sería absurdo duplicar los departamentos cuando ya los presupuestos universitarios son, según sus propios representantes, más bien escasos. La Universidad
cordobesa, como cualquier otra, debe centrarse en sus funciones, entre ellas la docente e investigadora, y dejar a otras instancias los proyectos turísticos.
 
Pero la demanda por parte de algunos miembros de esta Facultad es real.
 
Yo pienso que si existe esta demanda que usted cita puede deberse, más que a la realización de estas funciones universitarias, a un intento por parte de algunos de sus miembros de conseguir "sacar la cabeza" en este proyecto. Pero yo creo, y en esto coincidiremos todos los que no estamos en esa línea, que las caballerizas reales no están para que a su sombra se consiga protagonismo sino para que todos, trabajando, la hagamos protagonista.
 
Entonces, ¿cuál es su propuesta sobre lo que debería ser el núcleo del proyecto?
 
En principio, las caballerizas deben ser gestadas por el propio Ayuntamiento desde sus áreas de turismo o de cultura, bien directamente o a través de empresas colaboradoras. Puede crearse una Fundación que trabaje para que las caballerizas reales tengan luz propia, para que entre sus paredes prevalezca la perspectiva cultural sobre la puramente economicista, que dé más valor a la cordura histórica que el populismo mal interpretado, innecesario y pasajero, a la sobriedad sobre el alboroto y a su peso histórico sobre los intereses particulares.
 
¿Cómo ve usted a la Jefatura de Cría Caballar en todo este proceso?
 
Me gustaría verla presionando a su Ministerio para que cumpla una obligación histórica: la cesión incondicional de las caballerizas reales al Ayuntamiento de Córdoba. Conozco a muchos miembros de esta Institución y sé de su interés para que este edificio abra sus puertas porque son conocedores de su importancia histórica. Pero no olvidemos que ellos son sólo meros oyentes en este proceso pues depende únicamente del Ministro. Una vez que éste diera la orden de entrega del edificio, la Jefatura de Cría Caballar la realizaría de forma gustosa. Asimismo, la veo perteneciendo a esta posible Fundación y, sobretodo, cediendo gustosamente, aunque sea de forma temporal, todos los coches de caballos de los que disponen para poder crear el futuro Museo de carruajes que se podría instalar dentro de las caballerizas. En definitiva lo veo colaborando en este proyecto.
 
¿Y a las asociaciones de criadores de caballos españoles?
 
Pienso que poco a poco se irán dando cuenta del escaparate en el que se puede convertir a corto plazo las caballerizas reales para nuestra raza de caballos y del potencial económico y cultural que puede representar. La Asociación de Córdoba ya se ha dado cuenta y trabaja en ello. Pero quiero decirles que este proyecto va más allá de los límites locales y que el caballo español saldrá muy beneficiado del escaparate en el que se puede convertir las caballerizas reales.
De la importancia de este proyecto, paradojas de la vida, se han dado cuenta antes en el extranjero que en España. Desde hace años vengo impartiendo más conferencias sobre las caballerizas reales y el caballo español fuera de España que dentro de nuestras fronteras. La expectación que despierta en el extranjero este edificio y su historia es muy superior a la que algunos pueden pensar. Para que se haga una idea sólo en Estados Unidos, el mes pasado, impartí conferencias en la Universidad de Gainsville (Florida) y Afton (Virginia).
En mi opinión este edificio debe convertirse en el centro del mundo de nuestra raza de caballos. Desgraciadamente el caballo español carece de un programa de marketing estatal para darlo a conocer. Aunque pensemos lo contrario, el pura raza español sigue siendo un gran desconocido y por ello tenemos la obligación de darlo a conocer. El Ministerio de Agricultura debería realizar algunos documentales sobre nuestra raza de caballos y distribuirlas por las televisiones españolas y extranjeras. No es muy costoso su producción y si muy rentable a corto plazo su divulgación.
Quiero aprovechar la ocasión para hacer públicamente un reconocimiento a la Fundación del caballo español de Estados Unidos de la extraordinaria labor que, desde hace años, viene realizando de forma altruista para dar a conocer el pura raza español. Y no sólo en aquel país sino que también ha extendido su proyecto a Australia y Canadá. Creo que el Ministerio de Agricultura debería premiar la labor que desarrolla esta entidad a favor de nuestra cabaña equina.
 
Éste es su quinto libro pero, ¿podemos esperar nuevos títulos en el futuro?
 
Si, en la actualidad trabajo en tres libros; el que posiblemente publique tras este es una recopilación de hierros de ganaderías desde el siglo XVI hasta nuestros días incluyendo las de otros países. Ya se hizo un libro de estas características en 1859 por Juan Zabala, director general de caballería, en el que recogió unos seiscientos hierros. En éste he podido registrar unos siete mil. El segundo libro, es un trabajo sobre el caballo de los conquistadores y el tercero es la segunda parte de Historia y origen del caballo español, cuyo título provisional es El caballo español: su expansión en el siglo XIX. Además, estoy preparando la segunda edición del Diccionario Ecuestre Español que saldrá pronto en una versión ampliada.
 
Una vez que el Ayuntamiento abra las puertas de las Caballerizas Reales, ¿como se sentirá y que deseará ese día?
 
En primer lugar quiero decirle que hace muchos años visité por primera vez las caballerizas reales y quedé sorprendido por su monumentalidad pero a la vez no comprendía que sus puertas estuvieran cerradas a los visitantes. Entiendo que es un recinto militar pero hay otros que incluso los propios militares han reclamado que puedan ser visitados. Durante muchos años las caballerizas sólo han sido reconocidas como depósito de sementales porque se desconocía su verdadero significado. La verdadera importancia como he señalado es la historia que representa, por eso, el día que se abran sus puertas y entre por ella el primer visitante se habrá cumplido un deseo que llevo muchos años esperando.
Ese día sólo desearé que los cordobeses y visitantes de esta ciudad comiencen a conocer no sólo la cuna del caballo español: las caballerizas reales, sino la importante manifestación cultural que representa nuestra raza de caballos. El pueblo andaluz, por su peculiar forma de ser, ha sido capaz de inculcar a un caballo parte de su idiosincracia. Quizás sea el único caso existente en el mundo y por ello deseo, y en esa dirección estoy trabajando, que el caballo español pase a formar parte del Patrimonio Cultural Español. Y, quizás, lleve a pedir que se declare Patrimonio de la
Humanidad porque el nacimiento del PRE coincidió con el mayor imperio español y por ello al ser utilizado como su estandarte, su cultura fue expandida a través de la realeza europea a todos los países del mundo que rápidamente la asimilaron. Sin duda, el caballo español merece tal reconocimiento. Acaso es justo que el edificio que albergó su creación lo sea y el fruto conseguido, el caballo español, que fue el objetivo de su construcción no; cuando, más importante aún que el edificio es el verdadero significado de nuestroa raza de caballos. El pura raza español es uno de los pilares más representativos de la cultura andaluza y, sin duda, entonces y ahora, un emblema de nuestro país.
Todavía, hoy, tras cinco siglos, podemos apreciar sus manifestaciones en numerosos países, fundamentalmente de Europa y América. El mismo deseo que existió desde finales del siglo XVI hasta el siglo XVIII de conseguir un caballo español sigue existiendo en casi todos los países del mundo. Un caballo, por muy bueno sea, no podría hacer sentir la atracción y sobrecogimiento que produce nuestro caballo sino fuera por el aporte histórico, social y cultural que representa.

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LA MODA DE LA HISTORIA ECUESTRE

OPORTUNIDADES A VUELAPLUMA  

por Benito J. Tierz

(Revista Pura Raza, mayo de 2001)

 

Todos sabemos que el conocimiento científico se genera de forma muy fácil.
De acuerdo con el método propio de este tipo de conocimiento se lleva a cabo una investigación en una parcela concreta. Una vez finalizada se da a conocer a través de una publicación; con su lectura, y desde el mismo método, otros investigadores podrán ofrecer las posibles críticas a la misma. Si esto no tiene lugar, ese conocimiento generado se manejará como el conocimiento científico existente sobre el tema investigado. A partir de las cuestiones que toda investigación necesariamente deja abiertas, otros investigadores pueden continuar en la misma línea. Eso es lo que se hace en ciencia, y eso es lo que los científicos de la universidad española saben, o deben saber. Por lo general, no se investiga lo investigado cuando hay tantos campos de la historia por aclarar y, sobretodo, cuando los recursos económicos universitarios son escasos, y, desde luego, quien ésto hace -que no se suele hacer, pues ya es ganas- no debe ser nunca el que transmita la investigación original; a nadie se le escapará que oyentes sin información previa podrían llevarse erróneas deducciones sobre la autoría real de la investigación. Por ello, si en la entrada del nuevo milenio algo nos podría sorprender no cabe duda de que lo leído, mejor dicho, lo que no hemos podido leer en la publicidad de las próximas Jornadas del Foro de Opinión, merece tal calificación. Sorprendido, que no perplejo, por no encontrar entre los conferenciantes de estas Jornadas al Sr. Altamirano. Porque perplejo ya quedamos cuando en las pasadas Jornadas un catedrático de historia dio una conferencia tras la que, horas antes, había impartido el malagueño autor de la Historia de los caballos cartujanos, en la que no aportó nada que no hubiese expuesto este autor en la suya y que, previamente, habíamos leído en su obra. Posiblemente la ausencia del autor de Historia y origen del caballo español: las caballerizas reales de Córdoba y de Historia de los caballos cartujanos se deba a que su cotización no esté al alcance del Foro y a sus organizadores no les haya quedado otro remedio que acudir a otros ponentes,
que más que profesionales parecen menesterosos aspirantes a catedrático. Ahora, igual que hace un par de años se manifestaba esta revista (según encuentro al revisar números atrasados que nos habalaban del escaso rigor universitario de los geranios y las margaritas), el mundo nos deja perplejos otra vez tras comprobar cómo algunos miembros de la universidad andaluza, cuando la corrida ya tiene cartel ( el de Altamirano), intentan coger el
estoque del maestro, cuando ningún genio ni artista les ha dado la alternativa, para rematar la faena, dar la vuelta al ruedo orejas en mano y recibir los aplausos subidos sobre la estela del descubrimiento del investigador malagueño para intentar recuperar el siglo perdido. Pero no el de las luces sino el de las sombras, dudas y sonrisas que han despertado, tras las publicaciones de este autor, las investigaciones que habían realizado algunos representante de esta digna Institución También habló esta revista, a través de su director, de la importancia antropológica e histórica que tenía el trabajo de este autor, al no limitarse a descubrir el origen de una de las razas más significativas de la historia, sino que, yendo más lejos, nos mostró que las características del caballo español, como las razas humanas, no son sólo fruto de la evolución natural sino que, principalmente, son productos de nuestra cultura. Pues bien, tras poco más de dos años de la edición de su primer libro de historia, hace sólo unos días, los científicos que investigan sobre el genoma humano al exponer las conclusiones del estudio, curiosamente, apoyan todas las hipótesis y teorías manejadas por este autor, que, como bien expuso en sus obras, nuestras diferencias genéticas, al igual que las del PRE creado en Córdoba, son intrascendentes con el alcance cultural que las determina.
Esperamos que todo este esfuerzo propagandístico por parte de algunas áreas de nuestra distinguida Universidad y del Foro de Opinión sea para reforzar la tesis del Sr. Altamirano, al menos así lo deseamos, porque por otro lado, y no queremos pensarlo, todo esto parece un intento de restarle un protagonismo que, moralmente, nadie le puede negar. De ser así estaríamos ante la paradoja de que un investigador privado, con los escasos recursos económicos con los que suelen contar estos señores, haya puesto en jaque a algunos sectores de la Universidad andaluza. Tampoco queremos decir que en esta Institución no se investigue con rigor y método sino que nos referimos a aquéllos que más que realizar una labor investigadora, como es su obligación, dedican su tiempo a un posicionamiento oportunista de cara a conseguir un protagonismo que sólo se puede y debe conseguir con la propia investigación, y nunca a remolque del trabajo ajeno. Lo que no necesita el Sr. Altamirano, visto el derrotero que han tomado sus publicaciones, es este reconocimiento insincero y oportunista, ni de ésta ni de ninguna otra Universidad, porque él sabe, o al menos así lo esperamos, que al no pertenecer al círculo corporativista universitario no debe esperar nada de lo que le pueda restar protagonismo a tan distinguida Institución. Quienes sí reconocen los méritos de este autor son los miles y miles de lectores que, por todo el mundo, han convertido sus libros en la Biblia del pura raza español.
Estamos seguro, después de haber mantenido una larga conversación con este autor, del que conocemos bien su trayectoria, que sólo aspira a ampliar el conocimiento del caballo español y no a esperar nada de corporativismo ninguno ni tampoco del ignoto, silencioso y desafortunado mundo de la ciencia.

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EN TORNO A LA GENIAL OBRA DE JUAN CARLOS ALTAMIRANO

 

NUEVA GUIA PARA PERPLEJOS

Por Eliseo Ferrer

(Revista PURA RAZA 9-99, España)

 

Espero que el amigo Paco Juárez, maestro de varias escuelas e ilustraciones, sepa agradecer este rapto de erudicción cordobesa tras robarle a Maimónides la cartera, ya que no espero del resto de los lectores otra cosa que el desconcierto y la perplejidad que, en coherencia, pretende cultivar esta página. Actitudes bien distintas de la confusión y de la demagógia que algunos pudieran atribuirles y que son, por definición, la base indiscutible del escaso conocimiento que podamos llegar a tener del mundo. Porque una vez más el mundo, que no sale de su asombro, parece que ha vuelto a las andadas al hacer dogma de fe de un exceso de fantasía cartujana.

A los estudiantes que llegábamos a la universidad de los años setenta armados de endebles y peregrinos argumentos las brumas escolásticas de nuestras legañas nos impedían divisar las altas cumbres de la fenomenología. Llegar a Collingwood sin entender apenas nada suponía, por ejemplo, todo un alarde de destreza, cuya ignorancia paliaba ironía y el mejor humor de la estudiantina. Si mister Collingwood no cuadraba con nuestros esquemas preconcebidos, se le convertía en un personaje literario y de leyenda, fruto del maridaje de una melopea opiácea de sir Thomas Quincey y de una mala digestión de la barriga de Chesterton. Y tan campantes... Porque aquello de que la Naturaleza sólo podía ser observada como creación de la Cultura suponía demasiado hueso para el imposible esfuerzo de tan tiernos colmillos.

Ahora, que florece el rigor del método y la antropología cultural en la dehesa, mientras en la universidad española se suicidan los geranios y las margaritas, vuelve a ocurrir tres cuartos de lo mismo. Altamirano, igual que Collingwood, el genio de Husserl y tantos otros, nos está dejando a todos, ganaderos, maestros, aprendices, oyentes o simplemente sacerdotes de las esencias ausentes, con los ojos como platos y con un palmo de narices. Armado de herramientas que descartan toda retórica, pero provistos del amdamiaje del mejor Método, ha convertido una pasión de quince años de trabajo en un auténtico giro copernicano que derrumba los muros de La Cartuja y pone a prueba la estabilidad acomodaticia de nuestras neuronas (y de nuestros intereses, está claro). Porque ahora resulta, como se desprende de su documentada y probada investigación histórica (un empirismo que no abandona nunca los presupuestos de la Nueva Ciencia: pruebas documentales sometidas al criterio de un punto de partida o idea previa, que convierte en hipótesis que, a su vez, ha de ser probada con argumentos de tesis), que el Caballo Español ni es obra de Dios, ni de la Naturaleza, ni resultado de esa entelequia que se ha dado a llamar "caballo ibérico", ni mucho menos, como prueba su libro de reciente aparición, descubrimiento de los frailes cartujanos. Resulta que el Caballo español fue un invento de la política imperial del nunca bien ponderado Felipe II, quien mano a mano con don Diego López de Haro, tuvo la audacia de crear ese pedazo de équido que la historia ha terminado moldeando a su manera y que en su día debió dejar acogotados a cortesanos europeos, papas, obispos y cardenales.

Todo un alarde de poder, además de indiscutible cuestión de Estado, cuyo cuello de cisne emerge de los retablos barrocos para provocar unas elevaciones al trote que debieron convertirse en signo y manifestación externa de una política que sólo Dios legitimaba y que sólo los tribunales del Santo Oficio garantizaban con sus trágicas inmanencias. Sometidas a la jurisdicción extraordinaria del emperador y ante la que no cupo la competencia de uno sólo de los tribunales de la época, como sabemos por Altamirano, Las Caballerizas Reales de Córdoba se convirtieron en el taller donde el orfebre López de Haro dio forma a esa gran Obra Abierta que es el Caballo Español: el rostro amable de la contrarreforma, inventado quizá para redimir con la belleza de sus aires elevados el oscurantismo subterráneo de los inquisidores y los teólogos.

Y de nuevo la naturaleza como creación y recreación de la cultura (e incluso del arte): la naturaleza como obra del hombre y de la historia, si se quiere. Que ese es el doble mérito de los dos trabajos de Altamirano ("Historia y origen del caballo español: las caballerizas reales de Córdoba" e "Historia de los caballos cartujanos"): la seriedad y el rigor documental, en primer lugar, con que aborda el desarrollo de su investigación histórica, pero también, no lo olvidemos, el alcance Antropológico e Histórico (con mayúsculas) de sus dos trabajos.

Y al final de tan largo itinerario (quince años de trabajo), la luz... Pero también esas inevitables ruinas hegelianas que nos miran por la espalda. Porque la civilización tiene esas rarezas. De no provocar la confrontación y la lucha con otras ideas, la ciencia dinamita templos, mitologías y liturgias sin piedad ni misericordia, mientras los viejos mandarines y sacerdotes lloran, sin techo, en el descampado de las estrellas.

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"El Caballo Español: por y para un rey"

Debrett´s Equestrian World (Inglaterra).

"Un nuevo estudio sobre el origen del caballo español revoluciona su historia."

Son conocidos los trabajos que analizan el origen de algunas razas caballares de reciente creación pero, hasta la actualidad, inexistentes los de razas anteriores al mundo contemporáneo. Se ha escrito extensamente sobre los antecedentes de algunas de éstas, como pueden ser la raza árabe o la española, pero en ambos casos se han utilizado leyendas para situar su creación. Basta consultar la bibliografía existente para comprobar como de la raza árabe se dice, entre otras cosas, que procede de las yeguas del rey Salomón; del mismo modo, para la raza de caballos españoles se ha dado por ciertas una serie de leyendas y especulaciones creadas en torno a ella, que por su mera repetición han ido cobrando visos de "verdad" histórica. Estas narraciones que se han ido asimilando acríticamente y transmitiéndose de generación en generación, han llegado a formar un gran puzzle en el que las piezas no encajan cuando se intenta ordenar.

La historia del Caballo Español que se conoce en la actualidad fija su atención en dos puntos claves: la prehistoria y la Cartuja de Jerez de la Frontera (Cádiz, España). En el primero se ha situado el origen de la raza española y se ha explicado su morfología mediante teorías que la atribuyen a la selección natural. Los mismos autores han asignado a los monjes de la Cartuja de Jerez de la Frontera (fundada en 1484), el mérito de conservar la pureza de los caracteres que la naturaleza dio a ese caballo.

Todas estas afirmaciones han sido recientemente puestas en cuestión en uno de los primeros estudios que analizan en profundidad la historia de una raza de caballos anterior al mundo contemporáneo. En Historia y origen del Caballo Español: las caballerizas reales de Córdoba, su autor, Juan Carlos Altamirano, ha elaborado la historia de este animal a partir del análisis de los documentos que generó la creación de dicha raza mediante la metodología propia del análisis histórico. En este trabajo se demuestra que la raza española se debe a la decisión que el rey de España, Felipe II (1527-1598), adoptó para conseguir un caballo con la morfología que desde la antigüedad clásica había sido descrita por Simón de Atenas, Jenofonte, Columella o San Isidoro de Sevilla, como la más perfecta para un équido. Para la consecución de este animal se tuvieron presente, entre otros, tres parámetros básicos: nobleza, belleza y movimientos elevados. La nobleza se eligió porque la raza era para el rey y, consecuentemente, su seguridad era primordial. La belleza sería un elemento básico al transformarse las necesidades y los gustos estéticos en la sociedad renacentista. Con el paso de la nobleza guerrera medieval a la palaciega renacentista, se pasó del caballo tosco y pesado del medievo al bello e impactante de finales del siglo XVI conseguido en Córdoba (España). Por primera vez no se buscaría la mejora del caballo como animal, sino que se trataba de conseguir unas determinadas características morfológicas. Por último, se seleccionaron caballos con elevados movimientos que ensalzaban la figura del jinete y eran capaces de realizar, con una belleza hasta entonces desconocida, aires de alta escuela como cabriola, alzada, posada, passage, piaffe, etc.

Esta relevante aportación al mundo del conocimiento científico pone de manifiesto, entre otras muchas, cuestiones tan interesantes como son el hecho de que la morfología que caracteriza al Caballo Español no se debe a caprichos de la naturaleza, sino a la culminación de un proyecto ideado por y para un rey. En la creación del Caballo Español hay un periodo primordial comprendido entre 1567, cuando Felipe II mandó comenzar el proyecto abriéndose el primer Libro Registro del mundo de una raza caballar, y 1625 cuando la raza empezó a estar de moda en todo el mundo. Según la bibliografía anterior al libro de Juan Carlos Altamirano este periodo de la historia del Caballo Español es confuso y lo único que aparece es la afirmación que habla de la mestización de esta raza con la napolitana en el año 1600. Pero, en este estudio se demuestra lo contrario; el Caballo Español no sólo no se cruzó, sino que la raza napolitana era de origen español, pues de Córdoba se llevaron yeguas y sementales españoles a ese reino. Posteriormente, y debido al lugar de procedencia (Nápoles), se denominaron napolitanos.

Altamirano demuesta que la morfología que configura al Caballo Español tienen una razón de ser y no un producto de la naturaleza sino la culminación del proyecto de mayor envergadura conocido para configurar una raza de caballos. Una de las características morfológicas, que extraemos del estudio, decisiva en la aparición de la raza fue la capa torda. Según el Diccionario Ecuestre Español, del mismo autor, "capa torda es la que presentan las caballerías de diferentes tonalidades que con el paso del tiempo va volviéndose blanca". Esta capa es mayoritaria en la raza española y ello es debido a dos factores importantes: el primero de origen genético por ser dominante el gen que la determina. Pero existe otro factor más relevante desde el punto de vista histórico; la raza fue concebida en el siglo XVI sobre esta capa, porque en ese periodo histórico la base del pensamiento científico era la doctrina humoral de la Grecia clásica. Según ésta, todos los seres vivos están compuesto de cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra. En cada animal predomina uno de ellos, con sus correspondientes cualidades y humores que, a su vez, determinarían su físico y su temperamento. Si predominaba el agua, manifestaría la capa blanca, de la que se decía que era bondadosa porque producía buenas cosechas. Por lo tanto, los animales en los que predominara en su estructura este elemento, serían generosos y nobles, lo que los hacía ideales para el rey. Si predominaba el fuego, quedaría reflejado en la capa rojiza (alazán) y se rechazaría por el carácter colérico que tendrían los animales de esta capa...

El Caballo Español es uno de los animales más nobles que existen. Pero ello no es debido al azar, sino a que en la selección de esta raza siempre se tuvo presente la nobleza. La búsqueda de la nobleza para la raza española, se ha heredado, desde su comienzo, de padres a hijos y ello hizo que fuera una de las características por la que se identifica. Podemos definir al Caballo Español como la idealización de un caballo en el subconsciente humano con todas las virtudes posibles en un équido.

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HISTORIA DE LOS CABALLOS CARTUJANOS-JUAN CARLOS ALTAMIRANO

 

UNA FUNDADA PROVOCACIÓN

Por Eliseo Ferrer

(Revista PURA RAZA, 11-99

 Antes de hablar de la nueva (ya vieja) obra del señor Altamirano, que al igual que el rayo de Gustavo Adolto no cesa de iluminar nuestras cavernas, me van a permitir los lectores poner unos cuantos asuntos de cara y al derecho, pues el orden factorial es la única manera de que hablemos en serio y no en broma de algunos libros:

a)Afrontar con propiedad una cuestión (la cartujana o la irlandesa...), más que desprendernos de nuestros intereses y legañas (que también hace al caso) nos exige unos códigos de lenguaje que impidan que terminemos chapurreando en medio de un diálogo de besugos.

b)El trato objetivo con el mundo (y con los resultados de una obra literaria y científica) exigen al mismo tiempo una confianza previa en el mundo y en la más noble intención de todo autor, aunque yerre de cabo a rabo o mienta como un bellaco (que no es precisamente el caso). O lo que es lo mismo: por más que lo intento, no puedo imaginar al señor Altamirano bajo la luz mortecina de una vela falsificando con tinta correctora los legajos y documentos del archivo del Ayuntamiento de Arcos de la Frontera.

c)Nuestra cultura, por lo demás, establece un orden de prioridades que no se lo salta ni Dios. Y en esa escala, y dentro de lo que conocemos como Cultura Moderna, los argumentos de autoridad, lo mismo que los argumentos de la tradición, no gozan de muy buena reputación que digamos, si no van acompañados de las credenciales de la objetivamente compartido y empíricamente demostrado: datos, documentos, etc.

d)La ciencia no habita en la montaña sagrada: es algo tan sencillo como un conjunto de andamios bien armados y atornillados en los que trabajan sin red imprevisibles funambulistas. En la montaña y en el bosque sagrado habitan los mitos y las leyendas. Tan sencillos y modestos se han vuelto los hombres de ciencia que desde hace tres siglos ya no nos dicen ni lo que el mundo es ni lo que debe (que para eso están los teólogos, los gurús y los oráculos délficos). Estos señores se limitan a establecer representaciones de más o menos fortuna (muy a menudo, cuadros numéricos) que se conforman y entretienen con una relativa coherencia respecto a los axiomas.

e) Y por último, que a nadie le queda ninguna duda, lo que en todo fin de trayecto resulta a veces desalentador. Que todo trabajo teórico será siempre manejado a capricho por los intereses, los poderes y las fuerzas mundanas más abyectas. La sociología de la ciencia apareció en escena hace veinte años para explicarnos lo que ya intuíamos: que el mundo es así de borde e impertinente...

Con similar andamiaje, y quizá sin tanta complejidad de base (porque Altamirano no es un epistemólogo, sino un investigador histórico), el autor de Historia de los Caballos Cartujanos se arma de la lupa de Sherlock Homes y de la paciencia del santo Job para, igual que en libro anterior, no dejar cabos sueltos en el tintero y probar empírica y documentalmente todas y cada una de las afirmaciones que va postulando previamente. La novedad, esta vez, estriba en el hecho de que, junto al hábil manejo de las fuentes documentales, introduce una fácil y constructiva hermenéutica en torno a la obra de Ruy de Andrade (y posteriores) que, en reciprocidad con las fuentes que brotan de los precipicios de Arcos de la Frontera, genera un hilo argumental que hace que las páginas del libro de Andrade (y posteriores) se vayan cayendo de las manos como los naipes de una baraja desteñida de taberna.

No se trata de que Historia de los Cartujanos sea un libro más creativo que Historia y Origen del Caballo Español. Tanto el uno como el otro son, por definición, dos obras en las que los archivos y las fuentes documentales rescatadas de apolillados anaqueles se presentan como pieza imprescindible del discurso y no como ilustración estética, o como el fardo o la gavilla que algunos han creído descubrir, con más torpeza que malicia. Lo llamativo. no obstante, en Los Cartujanos es el original feed-back que establece en su parte última entre las páginas temblorosas de la "biblia de Andrade y los documentos que rescata del Archivo Municipal del pueblo de los Zapata.

Evidencias como pianos, mientras no se demuestre lo contrario, que no conformes con el detalle, aspiran a la verosimilitud, dentro una representación coherente tanto de la historia del caballo español como del propio(s) texto(s) del autor. Pues no hay que descartar en este último libro la lectura que convierte el analítico puzzle de "archivero" en una síntesis (holística) donde muchos de los argumentos ya probados terminan encontrando un nueva significación y sentido. Así, al final, podrá sorprender a alguien que no haya leído "Historia y origen" encontrar, tras su "jesuítico" descubrimiento, la afirmación aparentemente gratuita de que la Compañía de Jesús, que dio brillo al hierro del Bocado, se aprovisionara de parte de los caballos de las Reales Caballerizas de Córdoba. Esta vez Altamirano realiza un trayecto de ida y vuelta y no necesita presentar citas a pie de página, porque todo ello quedó suficientemente probado en los "Historia y Origen.... Altamirano retorna al sentido: a estación del punto de partida...

Conclusiones?... Que derrumbada la conjetura por el poder sugestivo de la doxa, y apeados los cartujanos de su mítica cabalgadura, ya sólo es cuestión de que nos recuperemos cuanto antes del estupor creado para empezar a escribir, de una vez por todas, el verdadero libro de las estirpes del caballo de pura raza española: la que parte del propio hierro del Bocado y las que, de manera indudable, germinan en la Yeguada Militar.

Por lo demás, es natural que toda provocación, cuando se lleva a cabo con inteligencia y se fundamenta con rigor, se convierta en motivo de zozobra e inquietud. Del mismo modo que la inteligencia, cuando se argumenta con rigor y toca modas e intereses que palpitan, se convierte siempre en una provocación.

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    Sr. Altamirano, acabamos de leer su obra "Historia y origen del caballo español. las caballerizas reales de Córdoba" y estamos positivamente impresionados... Estamos seguro de que está ofreciendo usted un nivel al mundo del caballo, en particular al P.R.E., que este sector debe reconocerle sin dudas ni paliativos. Vamos a hablar por ello a fondo, pero con claridad coloquial que nuestros lectores merecen. Esta larga entrevista es parte de esa contribución y reconocimiento que pedimos desde nuestras páginas. Cuéntenos, en consecuencia, y para entrar en materia, cuáles fueron los orígenes: las primeras motivaciones, ideas y contactos personales que le llevaron a ponerse manos a la obra en un trabajo de tanto riesgo.

    Básicamente han sido dos razones las que me llevaron a dedicar 15 años de mi vida a investigar el origen de nuestro caballo; una, mi afición a los caballos y, otra, las dudas que me planteó la lectura de la bibliografía existente.

    El inicio de mi investigación partió de la curiosidad que me despertó la lectura de unas cartas de Carlos V dirigidas al marqués de la Guardia, en las que le pedía caballos para la comitiva del día de su coronación como emperador de Austria. En ellas se aprecia la imposibilidad del, entonces, "dueño" del mundo para conseguir caballos de una cierta calidad, y en contraposición, toda la bibliografía decía que los caballos del ejercito español eran extraordinarios. También influyó y de forma importante la, para mí, dudosa explicación que se venía dando sobre que la morfología actual del caballo español se debía a la evolución natural. Y fue decisivo el hallazgo de un documento en el Archivo General de Simancas que relataba la compra de una partida de ladrillos para construir una cuadra para un rey. No sabía para que rey era porque el documento no estaba fechado, después de investigar resultó ser una factura de la construcción, por orden de Felipe II, de la que sería la mejor cuadra del mundo: las caballerizas reales de Córdoba. En ese momento, no llegue a conocer la relación que había entre las caballerizas y la creación del caballo español, la hipótesis que vincularía a ambas surgió posteriormente.

    ¿Su anterior libro "Diccionario Ecuestre Español" fue de alguna utilidad para hacerle vislumbrar la hipótesis que confirma, a través de su investigación, la "Historia y origen del caballo español"?

    No, todo lo contrario, aunque se editó primero el Diccionario, el libro sobre la historia del caballo español estaba terminado. Precisamente, el Diccionario fue el resultado de la enorme cantidad de palabras desconocidas que pude reunir al ir transcribiendo la documentación con la que trabajé para llevar a cabo esta investigación. Tenga en cuenta que para poder escribir este libro he transcrito más de cincuenta mil documentos.

    Dueño de un trabajo de investigación y de una metodología impecable, no cae usted en el empirismo probatorio y algo corto de vista en el que caen muchos investigadores históricos. Como el inventor de la Nueva Ciencia, parte usted de un planteamiento netamente Moderno, cual es el de la idea previa -lo dado (en sus esquemas mentales)-. Y usted reconoce expresamente antes de hablar de los caballos cartujanos que "lo dado" es el mito improbado y jamás argumentado de la yeguada cartujana ¿Conoce los riesgos de su trabajo? ¿Por qué esa perpetuidad del mito?

    Bueno, nunca he pensado en el riesgo de mi investigación. Siempre fui consciente del alcance del trabajo que estaba realizando y sabía que algún día tendría que hacerlo público, aunque reconozco que, en algunos momentos, pensé en no publicarlo, sepa que muchos amigos han escrito libros que ofrecen una teoría opuesta a la mía. Pero, por otra parte, me encontraba con la obligación de exponer públicamente el resultado de mi investigación.

    Con relación a los mitos creo que se mantienen mientras no exista una propuesta racional alternativa. En el caso de los caballos cartujanos supongo se ha perpetuado mientras no se ha conocido otra versión histórica de los hechos. Posiblemente, ese desconocimiento ha favorecido la credibilidad de las leyendas y fantasías que han sido utilizadas por los más avezados en defensa de unos determinados intereses. También ha podido influir la comodidad que supone creer en lugar de trabajar para adquirir el conocimiento necesario que permita realizar una crítica de la tesis que nos presentan. Precisamente, hace unos días he escrito un artículo para una revista estadounidense en la que relaciono la relegación de las humanidades con lo que hasta ahora se ha sabido de la historia del caballo español.

    Desgraciadamente, éstas han sido pospuestas por nuestros gobernantes en favor de los proyectos tecnológicos, lo que ha llevado a que los conocimientos sean sustituidos por las creencias, como he señalado.

    Magistralmente, metodológica y argumentalmente hablando, confirmadas sus hipótesis: el caballo español como construcción social e histórica acaecida en Córdoba en el siglo XVI frente al "cuento chino" del caballo cartujano como descubrimiento, ¿es consciente del dilema -y hasta de la tragedia- cultural, ideológica y económica que nos brinda? Tras su trabajo, yo, en mi modesta opinión, pienso que no hay alternativa. Una de dos: o seguimos siendo el país más inculto y patán de Europa y dejamos las cosas como están, o la leyenda de los cartujanos se rompe en mil pedazos...

    Si, consciente si soy, comprenda que llevo muchos años elaborando este trabajo y muchas veces me he planteado cómo asumirían los lectores un cambio tan brusco de mentalidad en este tema tan apasionante. Pero no creo que se deba plantear la cuestión en esos términos porque sé que la mayoría, cuando conozcan otra versión de los hechos, darán un giro mental de ciento ochenta grados sin ningún problema. Lo que tuvo que ser un drama fue cuando un señor demostró que la tierra no era plana, sino redonda, y que no era el centro del Universo sino un planeta más que giraba alrededor del sol. Mi opinión es que se creen ciertas fantasías, más que por incultura, por comodidad. Desde el punto de vista económico, mi estudio puede influir positivamente en beneficio de la mayoría, porque es una minoría la que defiende a "capa y espada" y sin argumentar la fantasía de los caballos cartujanos.

    En cuanto a tener que seguir siendo el país más inculto de Europa, le voy a contar un secreto. Antes de publicar la Historia y origen del caballo español me puse como fecha para que los lectores comenzasen a aceptar mi tesis sobre el origen de nuestro caballo, unos cinco o seis años, pensando como usted está pensando ahora. Mi sorpresa ha sido que en sólo unos meses se ha admitido y asumido. Y lo que, indudablemente, no va a quedar igual, aunque algunos intenten perpetuar, es la fantasía de que los caballos del bocado son descendientes directos de los cartujanos y por lo tanto más puros que el resto de caballos españoles. Aunque habrá personas que aún demostrándole el equívoco en el que estaban preferirán seguir creyendo en la fantasía. Esto ha llegado a ser para algunos un acto de fe.

    Y ya que estamos con el dedo supurando en la llaga, cuéntenos, en esquema, la idea previa/la hipótesis y la tesis argumental, probatoria, documental y bibliográfica de su nuevo trabajo sobre el caballo cartujano.

    Lo primero que diría con relación a la leyenda de estos caballos es que en ninguna de las áreas de la ciencia se construyen teorías con las hipótesis no verificadas. Quiero decir con esto que cuando se afirma que un hecho ha sucedido (la compra de la ganadería cartujana por el présbitero Pedro José Zapata) hay que demostrar que efectivamente ocurrió, ya sea en el terreno de la descripción, o en el de la explicación, pero, en todo caso, no basta con la narración del hecho: hay que demostrarlo. Además, la forma de hacerlo no es deducir de una teoría general, construida especulativamente, sin apoyo en los datos de la realidad, las explicaciones, sino justo lo inverso. La propuesta metodológica de la inducción, que surgió con la Revolución científica y que es la base del conocimiento científico actual, exige la verificación de la hipótesis a través del análisis de los datos para construir teorías generales.

    Pues bien, en el caso de la leyenda de los caballos cartujanos, para que se acepte una versión opuesta a la teoría defendida hasta hoy, habría que presentar la documentación que generó algo que nunca sucedió, ¿qué le parece? Es como si usted dijera que es propietario de una vivienda de la cual la escritura está a mi nombre y un tercero, para declarar de quién es la propiedad no acepte mi escritura sino que me obligue a enseñarle otra en la que diga que usted nunca compró la vivienda. Realmente las personas que defienden este sistema no se han parado tan siquiera a pensar en ello. Es como dije antes, un acto de fe.

    Una de las preguntas que me planteé en el inicio de este trabajo fue por qué se había omitido de la bibliografía actual, de forma intencionada, la carta que Vicente Romero escribió a Ruy de Andrade y que éste exponía en su libro Alrededor del caballo español. Esta carta, es primordial para clarificar la pureza de origen del hierro del bocado, pues en ella se demuestra todo lo contrario de lo que algunos ganaderos y autores han estado defendiendo. El propio Vicente Romero afirmaba en esa carta que cruzó sus dos ganaderías (la que dice que le compró a Zapata y la que ya poseía que herraba con un hierro en forma de corazón coronado); pues bien, la solución preferida por todos los que la conocen ha sido ignorarla y de esa forma dar veracidad a la teoría que se quería sustentar de que esta línea nunca se cruzó.

    Otra duda que tenía planteada era cómo se pueden ocultar ochocientas yeguas, que según algunos autores tenían los cartujos, en una sierra llena de guerrilleros y con el ejercito francés persiguiéndolos, durante más de dos años. Y, por último, me sorprendía lo extraño de la compra de Pedro José Zapata del ganado de la Cartuja en un momento en el que, como él sabía, se estaban requisando los caballos como hecho normal y previo a cualquier guerra de la época. ¿Tan osado era este sacerdote?

    En cuanto a las fuentes utilizadas, me baso, al igual que en mi anterior libro, en la documentación que he podido reunir de diversos archivos. Entre ellos el Archivo Municipal de Jerez de la Frontera al que, inexplicablemente, estos autores ni siquiera fueron para ver si había alguna documentación sobre la ganadería de los cartujos. Si hubiesen investigado en él, no hubieran escrito lo que han expuesto en sus estudios.

    Afortunadamente he encontrado toda la documentación necesaria para cuestionar todos los soportes en los que se apoya la idea de que los caballos del bocado son cartujanos y para afirmar que la compra de la ganadería cartujana por Zapata es una transacción que no se produjo. Tampoco el ganado cartujano llegó a ir a la finca de la Breña del Agua. Ni el hierro del bocado se debe al diseño de Zapata para herrar a los caballos cartujanos. Ni su hierro era éste y ni tan siquiera el origen del hierro del bocado que nos han presentado es cierto. Son éstas y otras muchas cuestiones las que expongo en mi nuevo libro Historia de los caballos cartujanos.

    ¿Ha perdido muchos amigos? ¿Qué críticas desfavorables y qué comentarios ha recibido. Sea usted sincero.

    No creo que por el hecho de exponer el resultado de mi investigación pierda algún amigo, si lo perdiese sería porque, realmente, no era amigo. Los verdaderos se han alegrado bastante del resultado de mi investigación. Incluso, he tenido la suerte de ampliar su número. El impartir conferencias sobre mi trabajo en distintos países me está permitiendo conocer a personas que, posiblemente, no hubiera conocido si no hubiese realizado este estudio. Son muchas las que me han llamado por teléfono y otros que me han escrito felicitándome a los que, aprovechando esta ocasión, les doy las gracias. En cuanto a comentarios o críticas desfavorables no he recibido ni una sola. Bueno, hay un comentario dando vueltas por ahí que, según me han informado, procede de algunos criadores de caballos del "bocado". Dicen en contra de mi estudio, que los documentos que sustentan la investigación pudieran ser falsos porque en esa época también existían documentos falsos. ¿Qué le parece la crítica? Cualquier persona con un mínimo de cultura histórica, sin necesidad de que sea un especialista, se podrá dar cuenta de la falta de solidez que tiene. Parece más bien que en lugar de una crítica metodológica sea un problema de intereses.

    ...Pero, de alguna manera, su obra ridiculiza a muchos de los siete sabios que van por ahí por los concursos defendiendo esencias.

    Mi intención, como comprenderá, no ha sido ridiculizar, ni tan siquiera disentir de las teorías defendidas por otras personas. Como investigador sé que la historia de nuestro caballo no termina aquí, precisamente en cualquier proceso de investigación siempre quedan abiertas preguntas que deberán obtener respuesta en posteriores trabajos. Ahí están los Archivos y las Bibliotecas para que otras personas puedan continuar en esta línea.

    En cuanto a los siete sabios creo que si alguien se cree sabio tiene un verdadero problema, pues poco aprenderá. Pensar que uno es alguien, o que está por encima del resto sólo demuestra que posee una visión localista y provinciana y consecuentemente, ignorante. Nadie está en posesión de la verdad absoluta y sólo la humildad es reflejo de sabiduría.

    Un asunto de índole menor, pero que debemos considerar en este sentido... Ese gran reportaje (publicitario) sobre los caballos del Bocado publicado en un dominical de un gran periódico nacional, escrito por un articulista de lujo como Savater, y sabiamente relacionado y aderezado a base de arte y más arte, con las fotos de ¿pudo tratarse de una réplica a sus trabajos, un contraataque estratégico a su publicación cree usted que se debió a la pura casualidad? Las fechas son sorprendentes...

    Supongo que no tiene nada que ver con mi estudio. No creo que el propio Estado se enfrente a un investigador desconocido. Si realmente existiera algo en la trastienda de lo que usted insinua, sólo lo tomaría como una huida hacia delante en un momento en que lo más inteligente sería replantearse lo ocurrido en los últimos años y tomar decisiones que mejoren la situación actual de calidad de estos caballos. Pero, eso sí, su exposición denota, una vez más, la ignorancia que se tiene de la realidad histórica de esta ganadería. El articulista, que sin duda es, como usted dice, de lujo creo que desconoce las vicisitudes de los caballos cartujanos y de la verdadera historia de la ganadería de Zapata. Pienso que es un artículo que le han pedido que escriba y que, por supuesto, este tema no lo domina. En lo que si le doy la razón es en cuanto a la coincidencia de fechas y, sobre todo, en el ímpetu propagandístico que existe en este momento.

    Que opina sobre el "Morfológico del caballo cartujano" que se va a celebrar y el por qué de este evento.

    Pienso que toda la promoción que se pueda hacer del caballo español es buena. Pero denominar a un concurso por ese nombre me parece una ridiculez terrible. Además, ayuda a aumentar la ya desmedida confusión que existe sobre la denominación de nuestro caballo que está haciendo, incluso, que en el extranjero se vendan caballos de otras razas haciendo creer que son españoles. El mes pasado estuve en Estados Unidos impartiendo dos conferencias y me di cuenta que existe una gran confusión que estan aprovechando nuestros vecinos portugueses, para afirmar que el caballo español y el lusitano es el mismo caballo, el ibérico.

    Creo que la Jefatura de Cría Caballar debería tomar carta en el asunto y obligar a cualquier Concurso que esté dentro de su jurisdicción a usar un sólo nombre que identifique al caballo español. Una cosa es utilizar el nombre de cartujano en un diálogo coloquial y otra cosa es hacerlo de forma oficiosa que pueda inducir a confusiones. Yo no soy ganadero y por lo tanto no me afecta económicamente pero hay muchos criadores que se pueden sentir dañados por la publicidad engañosa y pudieran, incluso, denunciar a las ganaderías que utilicen la denominación de cartujano sin probar que lo son realmente.

    Si le soy sincero, creo que se está organizando este morfológico para que, al fin, ganaderos y caballos de esta línea puedan conseguir algún premio o reconocimiento puesto que, últimamente, en competencia con el resto de los caballos españoles les esta resultando difícil lograr. Esta línea de caballos tiene, desde hace tiempo, graves problemas genéticos importantes, durante años estuvo mal seleccionada y, comparativamente, se ha quedado atrás. En la actualidad, aún dando algunos caballos medio aceptables, se encuentra bastante lejos de su pasado glorioso de los años sesenta y setenta. En estos momentos sus principales enemigos son sus propios criadores y el desconocimiento de su historia. Son prisioneros de su propia fantasía, el falso origen cartujano.

    Hablando de bibliografía, es sorprendente asimismo que en un libro tan documental y de tan amplia bibliografía como el suyo, muy poco habitual en el mundo del caballo, apenas cita tres clásicos del caballo español, ¿Cuál es hoy el papel del "Cartujano" del doctor Sanz Parejo, el del portugués Andrade o del "Caballo de Reyes" de Llamas? ¿Siguen teniendo vigencia?

    El trabajo lo he elaborado básicamente a partir de las fuentes manuscritas, las que se generaron en el proceso de consecución del caballo español, y la bibliografía que he utilizado es la relacionada con el soporte metodológico del estudio o la que servía para contextualizar o explicar los aspectos relacionados con los temas que iba analizando, lo habitual y lógico en cualquier investigación.

    Con relación a otros libros sobre nuestro caballo permítame que sólo le hable del libro de Ruy de Andrade, al que, posteriormente, todos los autores han copiado. Soy consciente de que este libro ha sido considerado, durante muchos años, como un clásico y que a muchas personas les extrañará mis palabras pero, como me pregunta mi opinión sobre la influencia de este estudio, no tengo más remedio que contestarle que, desgraciadamente, ha sido utilizado como espejo para que otros autores posteriores transmitieran sus mismos errores e, incluso, sus invenciones. Este señor escribió su libro sobre la historia del caballo español y de los cartujanos basándose, fundamentalmente, en simples comentarios que le hicieron conocidos suyos en sus viajes a España a principios de siglo los que, casualmente, le habían vendido caballos haciéndole creer que procedían del monasterio de la Cartuja. También añadió sus propias deducciones y especulaciones, e, incluso, llegó a inventar pruebas para que cuadrara la historia que quería defender.

    Y ahora, si me permite, voy a hacerle una consideración crítica, no vaya a ser que tanta admiración resulte sospechosa. Aun entendiendo que el libro cumple ampliamente sus objetivos, yo he echado en falta algo que seguro han echado en falta muchos sabios y ganaderos. Es un libro que se lee con voracidad y que se lee en un día... Es un libro, por ello, al que se le pide más y más. Y uno tiene la impresión de cómo si en una novela de misterio "el escenario del crimen" se leyera en una sola línea. Me refiero a la ausencia de los testimonios de los ejercicios de ensayo y error en que se basó la selección, de los nombres de yeguas y sementales legendarios que intervinieron en la factoría de Córdoba, de los intereses ganaderos (si los hubo) y de las vicisitudes técnicas padecidas (las presupuestarias están muy claras) por Diego López de Haro.

    Primero, gracias por sus elogios. Y segundo que yo quisiera tener en mi poder toda la documentación que pueda existir con relación al caballo español, pero ya encontrar la necesaria para poder realizar mi estudio ha sido bastante difícil y laborioso, toda pienso que es prácticamente imposible. A este trabajo de investigación le he dedicado, como le he dicho, quince años de mi vida y, de estos años, el mayor espacio de tiempo lo he tenido que dedicar a la búsqueda de la documentación. También quiero decirle que, en principio, este estudio iba contenido en un manuscrito de más de ochocientas páginas que tuve que reducir porque pienso que hubiese sido un error editarlo de forma tan extensa. Le puedo adelantar que tengo prevista una segunda parte y aún así quedarán muchas conclusiones sin ser expuesta. Poco a poco intentaré publicarlas para los que estén interesados. Le voy a poner un ejemplo de la dificultad de este tipo de investigación y es que no siempre aparecen los documentos necesarios o los que deseamos: llevo muchos años buscando un diario o un libro de notas que, por la forma de ser y de actuar de Diego López de Haro, debió llevar este caballerizo, creador de la raza. Por las conclusiones que extraje de la documentación creada por él, debió ser una persona muy meticulosa y dudo que dejara al azar cabos que se le pudieran olvidar llegado el momento de utilizarlos. Y ahora le pregunto: ¿existió ese diario?, ¿se destruyó con el paso de los siglos?, ¿lo encontraré o lo encontrará alguien algún día? Estos, entre otros, son uno de los grandes problemas con las que nos tropezamos todos los investigadores. Muchas lagunas se quedan atrás y espero que otros investigadores encuentren toda la documentación que yo no he podido localizar. Pero, sí que le puedo asegurar que tengo reproducción de documentos en los que aparecen nombres y características de caballos que influyeron tanto de forma positiva como negativa en la creación de la raza española, pero este libro tiene 272 páginas y, en el futuro, habrá más libros donde iré exponiendo otras cuestiones relacionadas con nuestro caballo.

    ...Incluso, profundizar algo en esa cultura barroca y en los motivos técnicos que dictaron los caracteres constituyentes de la raza. Un ejemplo en ese sentido: la construcción de la capa torda la presenta usted como un mito cultural de la época. Perfecto... Nada en contra de su exposición, que es magistral. Pero quizás muchos lectores quedarían más agradecidos y conformes si usted profundizara en otro libro sobre la influencia, pongo por caso, de ese otro clasicismo, populachero y callejero, de los siglos XV y XVI, donde se imponen las mitologías presocráticas frente a las doctrinas de los filósofos: los cuatro elementos, por ejemplo, de Empédocles: aire, agua, tierra y fuego, donde usted sustenta su trabajo sobre las capas...

    Respecto a la cultura barroca, he hecho referencia a ella como el marco cultural en el que hay que situar al caballo español para explicar determinados elementos de su morfología. No creí necesario extenderme en su significado o trascendencia, pues para eso me remito a la bibliografía: ahí está el fundamental trabajo de José Antonio Maravall que cito para que lo puedan consultar los que quieran profundizar en ella.

    En cuanto a la doctrina de los cuatro elementos, es el substrato teórico de la ciencia antigua, greco-romana, que fue asimilada por los árabes, llegando hasta el occidente cristiano medieval. Como se sabe, durante el Renacimiento, la vuelta a la ciencia griega fue uno de los puntos del programa humanista, guiado por el criterio de autoridad, de ahí que esta doctrina tuviera absoluta vigencia durante la creación del caballo español. Los filósofos presocráticos (s. VI-IV a.C.) abandonaron las explicaciones míticas, mágicas y creenciales, de la naturaleza y todo cuanto hay en ella, y elaboraron racionalmente un concepto que daría razón de ser de todo cuanto existe: la physis o naturaleza. Cada animal, cada planta, cada persona tenía una physis, una naturaleza, que la hacía ser lo que era. Cada naturaleza estaría compuesta por cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, y cada elemento tenía dos cualidades, de manera que la tierra sería fría y seca, el aire húmedo y cálido, el agua fría y húmeda y el fuego seco y cálido. Esta teoría, elaborada especulativamente, pero a través de la razón, a diferencia de las culturas anteriores, sería el marco general a partir del cual deducirían todo lo relacionado con las cuestiones biológicas, médicas, conductuales, etc. Desde entonces hasta la Revolución científica (s. XVII) estuvo vigente como teoría general que explicaba la realidad, por ello se aplicó a la selección de las capas del caballo español.

    Repito que mis críticas no invalidan para nada sus trabajos. Al contrario: hay que entenderlas como una colaboración entusiasta tras el entusiasmo que su libro despierta. Las razones políticas y la estética que impone la grandeza del imperio y su relación con las monarquías europeas creo que están perfectamente desarrolladas.

    Gracias.

    ...Lo mismo que sus consideraciones sobre el arte ecuestre y su concepto de raza como convención cultural: correctísimas de todo punto. No se si usted sabe - y me va a permitir este inciso documental- que claude Levy-Strauss, con su misma teoría sobre la Raza, consiguió desesperar y llenar de estupefacción a los doctos funcionarios de la Unesco. Ocurrió que, tras la segunda guerra mundial, había que ideologizar (y hacer ciencia) sobre el primado de las libertades individuales frente al oscurantismo nacionalista, étnico y racial. Y el caso es que la Unesco le financió un trabajo donde debía demostrar que las razas no determinaban ámbitos de cultura. Eran los esquemas del liberalismo triunfante en la guerra... A la postre Levy-Strauss fue tan meticuloso que terminó dándole la vuelta al calcetín y en lugar de hacer la regular propaganda que se le pedía terminó elaborando un riguroso trabajo antropológico (Raza y Cultura), donde llegaba a la conclusión de que, muy lejos de determinar la cultura, la Raza no era otra cosa que un convenio cultural entre individuos. ¿No corre usted el mismo riesgo de sembrar la perplejidad en un ámbito de lectores ganaderos que todavía no han leído a Levy-Strauss?

    En parte sí, es posible que algunos lectores no hayan comprendido esa parte de la exposición de mi trabajo pero había que exponerla, aún a pesar de lo que usted insinúa sobre el riesgo de sembrar perplejidad en algunas personas. Es mi visión sobre el concepto de raza que lo he expuesto en este libro como lo hubiese hecho en cualquier otro tipo de trabajo que tuviera relación con ello. La realidad es que el P.R.E es, sin duda, consecuencia de nuestra cultura.

    ...En consecuencia, preguntarle por el esencialismo o el historicismo de la RAZA no tiene sentido. Usted nos muestra al desnudo el Caballo Español como fruto de una construcción histórica y de un convenio entre López de Haro y Felipe II. ¿Ello permite pensar que el Caballo Español, como todo lo humano, pueden cambiar a conveniencia e interés del momento histórico?

    Más que un convenio entre Felipe II y Haro, es, como digo en mi libro, la culminación de un proyecto para conseguir el caballo que todo el mundo quería conseguir. Este, estaba bien definido porque se le atribuían las cualidades de la perfección.

    Indudablemente, el caballo español de hoy ha cambiado respecto al de finales del siglo XVI. Puede que sea esta parte la que más me entusiasmó en mi investigación; el cómo influyó la cultura andaluza en el nacimiento y conservación de esta raza que es parte de ella. Y, al ser parte de ella, tal y como vaya cambiando nuestro gusto, el caballo español se ira modificando. Por ello soy partidario de mantener el actual Reglamento de la raza y no entrar en simples detalles que a largo plazo perjudicaría su selección. Recuerde, ya que hemos hablado de ellos, que la alzada media de los caballos cartujanos antes de su desaparición, hace apenas dos siglos, era de 1,48 cm. En la actualidad un caballo con esa alzada sería considerado un poni. También que se buscó para nuestro caballo ollares redondos porque se creía que el caballo respiraría mejor. Hoy, esta característica la despreciamos porque nos recuerda al caballo árabe. Asimismo se prefirió, durante muchos años, que la grupa fuera partida porque era señal de fuerza. Hoy la eliminamos de nuestra selección porque dicen que recuerda a los caballos de tiro, o que campanearan porque era algo distinto y hoy, este movimiento, lo rechazamos, etc... Si hubiesemos reglamentado estas características morfológicas hoy estarían fuera de la raza la mayoría de los caballos españoles. Soy partidario de que todas las raza deben estar en constante evolución. Es importante evitar su estancamiento ya que, produciría un distanciamiento físico-cultural del momento y, por lo tanto, un alejamiento de su necesidad real y todo ello llevado al extremo, por lógica, favorecería su posible desaparición o relegación a los parques zoológicos o a reservas para animales en peligro de extinción.

    De establecer límites a esos cambios, ¿dónde los situaría usted? Un ejemplo: la doma clásica, expresión más alta de los tiempos... Los guardianes del templo dicen que es perjudicial para la salud del caballo español...

    No suelo establecer límites a la belleza, todos sabemos que la belleza es relativa. El gusto del ser humano es cambiante y hemos pasado de la estética de la figuras obesas de Rubens al modelo de extrema delgadez actual, casi al borde de la enfermedad. No soy partidario de la mejora por clonación de los animales, con vista a un largo periodo de tiempo, este sistema se volvería contra nosotros. Las razas, como he señalado, deben mantener la variabilidad genética que permita la evolución que el hombre necesite.

    Con relación a la doma clásica, creo que no es perjudicial para la salud del caballo español, sino todo lo contrario es un nuevo campo del que, por el aislamiento político que padecimos, nos hemos encontrado un poco alejados de la corriente que se desarrolló en Europa. Pienso que lo perjudicial es apartar de nuestra doma los aires altos tales como: cabriolas, alzadas, posadas, paso español, etc. Precisamente, es en estos aires donde el caballo español manifiesta sus cualidades y belleza. Donde veo el problema es en el supuesto de que prospere la corriente actual que pretende eliminar de nuestro léxico la palabra Alta Escuela porque existe la denominación de Doma Clásica. Creo que lo más razonable es no mutilar nuestro vocabulario y lo perjudicial, a no muy largo plazo, intentar eliminar los aires antes señalados de nuestras enseñanzas por acercarnos a la doma clásica. Hay campo para las dos.

    Si le parece vamos a terminar hablando de las formas. Uno desconfía un poco de los libros que llevan muchas y buenas fotografías. Se menosprecia el texto... Su libro, en cambio, es una excepción que nadie podía imaginar: hubiera podido ser editado y distribuido por una editorial de prestigio... Y lo ha hecho con unos materiales y con una calidad extraordinaria. ¿Qué criterios editoriales ha aplicado y en qué tipo de lectores ha pensado? ¿Sabe si lo han leído todos quienes lo han comprado?

    Le voy a contestar primero la segunda pregunta: se sabe que el aficionado a los caballos es poco lector y siempre he pensado que muchas personas compran libros para después no leerlos. Por eso pensé que el mío algunos lo compraron con intención de leerlo pero que al final no lo harían. Después he llegado a la conclusión que bien por interés de aprender un poco, por curiosidad por lo que expongo o para hacer una crítica, los que no lo habían leído, lo están haciendo porque de lo que nadie está ajeno es a la "movida" que ha suscitado. Le digo esto porque recibo más noticias de personas que lo han leído ahora, que cuando salió a la venta. Le voy a referir lo que me dijo un lector hace unos meses: "No se si venderá muchos libros, pero le puedo asegurar que no pasará desapercibido porque para quien lo lea ya nada sera igual".

    En cuanto a la primera pregunta, tengo poca experiencia en ediciones, pero la suficiente como para exponer el resultado de mi investigación, de la forma que he considerado más correcta. Como comprenderá, después de tantos años dedicado a este estudio pensé que se merecía presentarlo de una forma digna. Tampoco pensé en el beneficio o perdida económica que me pudiera reportar una edición tan lujosa, repito lo que mi hermano Manuel dice: recuperemos lo invertido y a cambio nos quedará el conocimiento. Con lo último estoy realmente pagado. No quisiera ser reconocido como un investigador que vende tantos o más libros, sino como la persona que ha intentado explicar el origen del caballo español y su evolución histórica.

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