Sobre la denominación de nuestro caballo o la necesidad de conocer su historia

Es frecuente que en las discusiones sobre nuestro caballo algunos, quizás por un sentido regionalista, reivindiquen el nombre de andaluz eximiendo, como único argumento, que en algunos países es conocido como andalusian horse. En la actualidad y oficialmente su nombre es pura raza española, en abreviatura PRE y popularmente caballo español. Las conclusiones que vamos a exponer sobre ello, no son fruto de la improvisación sino el resultado de un largo proceso de estudio de la documentación en la que nos apoyamos que se encuentra expuesta en mi libro: Historia y origen del caballo español: las caballerizas reales de Córdoba.

Ya en los textos medievales y en los que se escribieron posteriormente en el Mundo Moderno se puede apreciar que muchos autores englobaban a los caballos criados en el sur de la península como una sola raza. No se tenía en cuenta las diferentes que se criaban tales como hacas, hacaneas1, frisones2, cuartagos, trotones3, etc. Posiblemente el desconocimiento de ello, hace que tratadistas actuales hayan fijado a nuestra raza características ajenas a ella e incluso certifiquen su mestizaje.

Esta reducción es posible explicarla si tenemos en cuenta que desde la antigüedad y antes de que la palabra raza tuviese el significado que tiene actualmente, se denominó a los caballos según el lugar de procedencia. Cualquier ejemplar procedente de Andalucía, al salir fuera de ella, se le denominaba caballo andaluz careciendo de la importancia la raza a la que perteneciera. Para los aficionados que vivían fuera de esta región, tan andaluza era la haca criada en estas tierras, como el animal más autóctono de dicha región. Cuando se hacía referencia a un caballo de un pais extranjero, se le denominaba por el nombre del mismo. De esta manera, si a España llegaba un caballo procedente de Frisia se llamaba frisón; si procedía de Portugal, portugués; de Nápoles, napolitano, etc. Incluso hoy es frecuente decir «he comprado un caballo alemán» sin especificar la raza. Si se quería distinguir a los de distintas regiones de un país, seguía este mismo principio, de ahí que a los procedentes de Extremadura, se les denominara extremeños; de Galicia, gallegos o de Asturias asturcones. Y en el municipio o zona geográfica de origen se les diferenciaría por castas; así serían caballos cartujanos, los de la Orden de la cartuja; marismeños, de las marismas; valenzuelas, de la Valenzuela y dentro de éstas por las líneas como las famosas de Rucio, Esclavo, Soldado, etc.

El nombre de español para nuestro caballo procede de 1567, año en el que Felipe II con la excusa de atender al bien público, determinó fundar una raza de caballos cuyo principal objetivo era mejorar las otras que se criaban en las distintas regiones de España a través de su sangre5. Decimos excusa porque, en realidad, el monarca trataba de justificar ante la sociedad la enorme inversión económica que la Hacienda Real tuvo que realizar para costear su desmesurada afición a los caballos. El éxito constituíria el final de una búsqueda milenaria: la obtención de una morfología, descrita ya por Simón de Atenas, Jenofonte o Columela en sus tratados, considerada como la más idónea para un caballo.

Para que se llevara a cabo el proyecto de conseguir el caballo español se eligió como lugar idóneo a Córdoba. El secetario real Francisco Eraso dirigió una Real Cédula el 28 de noviembre de ese mismo año al que era corregidor de la ciudad, Francisco Zapata de Cisneros6 para que se construyera una caballeriza7 y señalara las dehesas8, en los baldíos y realengos de esa ciudad, que proporcionarían el pasto y sustento de las mil doscientas yeguas que se comprarían. Así se hizo, librando los primeros 1.500 ducados para el mantenimiento de la yeguada y 500 para el comienzo de las obras de la caballeriza9.

El resultado del proyecto fue tan extraordinario que estos caballos nunca llegaron a cubrir las yeguas de las dehesas municipales sino que quedaron para uso privado de la corona y compra de voluntades, a través de regalos a reyes y nobles10.

El caballo español conquistaría el mundo a través de sus cualidades. Fue símbolo de un imperio y de una cultura que había sido capaz de conseguir lo que todo el mundo ansiaba, el caballo perfecto. Por ello en esta fecha se reconoció oficialmente la raza y se la denominó caballo español. Para preservar su pureza, se estableció un libro denominado Registro de caballos españoles, en el que se llevaba, como en el actual, las genealogías de todos los animales a fin de conocer sus orígenes.

Sería absurdo restar importancia que Andalucía tuvo en la creación del caballo español, pero también lo sería, negar la evidencia que el nombre con el que siempre se le distinguió desde su creción fue el de español.

Se dice que un pueblo está condenado a repetir su historia cuando la olvida y esto fue lo que ocurrió con nuestra raza. Los pasos que se dieron recientemente para definirla e incluso abrir un Libro de Registro, estaban ya dados cuatrocientos años antes.

Por ello no debemos olvidar, aunque a veces ocurra, qué fue lo que se buscó para que nuestra raza fuera la más deseada: su belleza, su nobleza y sus movimientos elevados que la distinguieron del resto de las razas existentes haciéndola digna de un rey.

NOTAS

1. Ver Cortes de Juan II de 20 de enero de 1432, pág.144, petición nº 34.

2. Inventario de la Caballeriza Real de Córdoba de 1586.

3. Cortes de Madrid, 9 de mayo de 1528, petición nº 72 dice de los trotones "deben de ser buenos para pelear armados".

4. Término municipal de Villafranca de Córdoba (Córdoba). Cuando en el siglo XIII se reconquistó esta ciudad la Orden de Calatrava se asntó en este lugar y le denominaron Valenzuela.

5. Real Cédula de 28 de abril de 1567 a Francisco Zapata de Cisneros.

6. Al que posteriormente se hizo Conde de Barajas.

7. Hoy Depósito de sementales.

8. Entre ellas cabe señalar las de Córdoba la Vieja, Ribera, Alameda del Obispo, Las Pendolillas y Las Gamonosas.

9. Este dinero procedía de las rentas de las salinas de la costa y del interior de Andalucía, posteriormente, al aumentar el presupuesto, se libraría de las penas de cámara de la ciudad de Córdoba.

10. De los caballos españoles sólo se vendían los desechos. Los precios que alcanzaron fueron tan elevados que con el importe de la venta de ocho deshechos se compraron treinta útiles de otras razas para los jenetes del ejercito de Orán. Carta de Juan Jerónimo Tinti a Felipe II en 1606.